POSVERDAD Y FAKE NEWS

Bien hallados sean:

La posverdad es un término que se popularizó hace un par de años en Estados Unidos y que a la fecha se ha extendido su uso para describir un fenómeno directamente relacionado con la búsqueda de la verdad. De acuerdo al Diccionario de Oxford (2017), se define como el fenómeno que se produce cuando los hechos objetivos tienen menos influencia en definir la opinión pública que los que apelan a la emoción y a las creencias personales”. Sin embargo, no se trata de una simple palabra sino que trae consigo toda una serie tanto de hechos como de pensamientos relacionados que se van extendiendo a lo largo del mundo y que afectan la naturaleza del conocimiento social.


La posverdad se caracteriza por  denostar o relacionarse con circunstancias por las cuales los hechos objetivos son menos influyentes en la formación de la opinión del público que las apelaciones a las creencias y emociones personales reflejadas en  mentiras, propaganda y  difusión de noticias falsas.Sacar conclusiones de esta manera y crear 'hechos alternativos' significa que casi cualquier cosa puede convertirse en realidad, ya sea correcta o no.
 Una mirada a la historia revela que la propaganda y la desinformación no son nada nuevo. De hecho, los humanos siempre han vivido en la era de la posverdad. El humano es una especie que conquistó este planeta gracias a la capacidad única de crear y difundir mensajes a través del lenguaje. Biológicamente, somos los únicos mamíferos que pueden cooperar con numerosos extraños porque solo nosotros podemos inventar historias de ficción, difundirlas y convencer a millones de personas de que crean en ellas. Mientras todos crean en las mismas ficciones, todos obedecemos las mismas leyes y podemos cooperar efectivamente.


Los hechos alternativos no son un concepto nuevo, han sido parte del periodismo y la política durante siglos. Sin embargo, en esta era de avance digital y redes sociales, la mejora de la información fácilmente disponible y la accesibilidad durante todo el día alimenta las líneas borrosas entre lo que es verdadero y lo que no lo es, también la afluencia y el volumen de información disponible hace que sea más difícil distinguir entre 'hechos' y 'hechos alternativos'. En la era posterior a la verdad, la percepción de la información es tan importante, si no más importante que si la información es verdadera o falsa 


Según Grayling (2018), el fenómeno creciente de la posverdad afecta porque “promueve la corrupción de la integridad intelectual y el daño del tejido completo de la democracia" y desafortunadamente, la sociedad actual experimenta una de las llamadas “crisis de verdad” en la que la predominancia de las fake news provoca que aunque exista una gran cantidad de conocimiento público, esto parece ser poco ante las negativas de la gente de desarrollar un pensamiento crítico que les permita distinguir una noticia falsa de una genuina, y sobre todo a la tendencia de permanecer en un estado de conformidad con respecto a la ignorancia. Es decir, que aunque exista ese conocimiento, simplemente se reacciona ignorándolo, como si no existiera lo cual es lamentable ya que los humanos tienen una capacidad notable de saber y no saber al mismo tiempo. O, más correctamente, pueden saber algo cuando realmente piensan en ello, pero la mayoría de las veces no piensan en ello, por lo que no lo saben.


Aunque este término fue acuñado por razones políticas se trata de un hecho tan cotidiano actualmente, que ya las nociones de democratización del conocimiento político quedaron rezagadas ante el gran impacto que está teniendo el efecto de la posverdad. 
Ciertamente este fenómeno trae consigo una realidad sobre la sociedad contemporánea: la verdad y el poder pueden viajar juntos solo hasta cierto punto. Tarde o temprano se van por caminos separados. Si se quiere poder, en algún momento, es casi inevitable ficciones o mentiras para conservarlo. Si se quiere saber la verdad sobre el mundo, en algún momento se tendrá que renunciar al poder. Como especie, los humanos prefieren el poder a la verdad. Dedica mucho más tiempo y esfuerzo a tratar de controlar el mundo que a tratar de comprenderlo, e incluso cuando se hace el esfuerzo de entenderlo, generalmente es con la esperanza de ideas modos para que sea más fácil controlarlo.


La crisis de verdad, es un suceso lamentable que continúa expandiéndose a la par del fenómeno de la posverdad y la desinformación, donde ésta se ve beneficiada del surgimiento de corrientes como el subjetivismo, el relativismo o el nihilismo, en las que se argumenta que no existe una verdad absoluta porque va a depender de la observación individual, del contexto, o en el peor de los casos, simplemente es desprovista de su valor ontológico, y por lo tanto, el proceso de búsqueda de la verdad se considera erróneamente como inútil y sin razón de ser.

Es importante el desarrollo de un criterio firme, bien informado y que evite caer en sentimentalismos ni en juicios de valor personales. Dejarse llevar por las ideologías posmodernas implica la renuncia al pensamiento crítico, y eso contradice la naturaleza racional humana.

Comentarios

  1. Lo que presentas no es un ensayo, ni literatura, ni siquiera reflexión seria: es un catálogo de frases infladas y errores conceptuales. Dices que “verdad y poder viajan juntos hasta cierto punto”, pero no explicas cuál es ese punto ni por qué se separan; afirmas que “la especie humana prefiere el poder a la verdad”, pero no das ejemplos históricos ni pruebas; invocas la “crisis de la verdad” como si fuera un hallazgo tuyo, pero lo reduces a clichés sobre posverdad y desinformación que cualquier periódico de segunda ya repitió hasta el cansancio. Usas palabras como “ontológico”, “nihilismo” o “relativismo” sin definirlas, solo como maquillaje intelectual. Y cierras con una exhortación a “formar criterio firme” que no tiene valor, porque tú mismo no demuestras tener criterio ni rigor en lo que escribes. Lo tuyo no es pensamiento crítico, es verborrea adornada.

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