“LEYENDA 14: EL BESO” (GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER)
Bien hallados sean:
El romanticismo fue un desarrollo creativo, artístico, melódico y académico que comenzó en Europa hacia fines del siglo XVIII. Principalmente una respuesta a la Revolución Industrial, la Ilustración y la justificación científica de la naturaleza, fue retratada por su acentuación en el sentimiento y la independencia y también la glorificación de todo el pasado y la naturaleza, inclinándose hacia lo medieval en lugar de lo tradicional. El Romanticismo reafirma la naturaleza, el sentimiento, la memoria, la imaginación, el mito y la espiritualidad, pues es elogiada como uno de los objetos más supremos de observación y digna de ser reconocida, contrastando con los filósofos de la Ilustración, cuyo enfoque está puesto en el raciocinio. Este movimiento cultural dejó un impacto significativo no solo en la literatura de la época, sino también en la literatura de hoy. Antes de los escritos románticos, el mundo se centraba en la sociedad y la lógica. El romanticismo permitió a las personas comenzar a valorar el individualismo y apelar a las respuestas emocionales de los lectores, evocando sentimentalismo y tocando sus fibras sensibles al tratar temas simples pero contundentes. Por lo que el romanticismo es además de un movimiento cultural, un medio de sensibilización de los lectores, a través de la estimulación de la creatividad y la emoción a la par del racionalismo.
Como movimiento influyente en la literatura española, uno de sus más grandes exponentes fue el poeta Gustavo Adolfo Bécquer, En este punto es relevante dar un breve contexto sobre este autor que tanta importancia tuvo por su gran talento y aportaciones.
Bécquer es considerado uno de los poetas precursores del estilo contemporáneo (por el hecho de realizar su obra a finales del Romanticismo). Agregado a eso, su obra adquirió mayor importancia tras su muerte. Su estilo se vio caracterizado por utilizar elementos religiosos y naturales como parte del simbolismo de sus escritos.
Luego de su muerte fue publicado el libro que contenía las Rimas y que le dio finalmente el reconocimiento que se merecía, pero aparte de ése, otro de los compilatorios que forman parte de su obra son las Leyendas, escritos redactados en prosa que destacó por su lenguaje sencillo y fácil de entender, pero al mismo tiempo, cargado de emocionalidad y sensibilidad que conmueven al lector de forma casi inevitable, siendo capaz de recrear escenarios fantásticos pero que también tenían influencia de acontecimientos históricos de la España previa a la Revolución Industrial, por lo que sus narraciones resultan más encantadoras por esa carga histórica y realista mezclada con los elementos sobrenaturales, de los cuales se procede a hacer análisis de uno de los textos que lo componen. Si bien, Bécquer se caracterizó por utilizar referencias a la naturaleza y relacionarlas a las emociones a través de metáforas, también se destacan sus referencias a aspectos y situaciones de carácter religioso, las cuales son más notables en su colección de Leyendas. En este ensayo se analizará una de ellas, la leyenda 14: “El beso”.
El texto comienza con un referente a la Guerra de Independencia española, más precisamente la invasión francesa a las tierras de Toledo, en el que un grupo de soldados buscan refugio, pero únicamente encuentran sitio en un antiguo convento abandonado y casi destruido por los constantes enfrentamientos de los invasores, por lo que el capitán de esa pequeña tropa, guiado por un joven oficial que fue el que descubrió el edificio, decide llevar a sus hombres a ese sitio para pasar a noche (durante algunos párrafos el autor hace una descripción sobre el estado del recinto, que prácticamente está en ruinas) hasta que finalmente los hombres deciden irse a dormir para reponer fuerzas. A la mañana siguiente despiertan y charlan entre ellos para espabilarse, sin embargo el capitán declara que no durmio por pasar la noche en compañía de una mujer hermosa. En respuesta, el resto de soldados piden que les cuente sobre su experiencia y el joven oficial confiesa que la mujer de la que habla es “muda, sorda y ciega”, pues se trata de una mujer hecha de mármol. Sin embargo, la descripción que hace de ella, resaltando su belleza y como quedó fascinado con la belleza de la escultura provoca la curiosidad del resto de la tropa, quienes se mantienen incrédulos ante el relato de su capitán, y se niegan a creerle hasta que les lleve donde la mujer está, a lo que él accede a hacer esa misma noche.
Al caer el día, la tropa se prepara con champagne y anécdotas para “celebrar” la presentación de “la mujer del capitán”. conforme se oscurecen las ruinas del convento, son capaces de ver la estatua referida, y el resto de hombres queda igualmente encantado con la belleza de la mujer de mármol, pero no se encuentra sola, sino seguida de la Estatua de un guerrero español. el capitán de acerca para leer las inscripciones de las tumbas que cubren las figuras y entiende que se trata de un matrimonio, y que la mujer era llamada en vida doña Elvira de Castañeda, esposa del guerrero de la escultura. El resto de hombres comienza a especular que tan hermosa habría sido la mujer en vida puesto que la escultura resultaba sumamente bella. Mientras conversan y beben más alcohol, poco a poco van desvariando y faltando el respeto al recinto religioso, sobre todo el capitán, que se porta cada vez más imprudente, hasta el punto en que toma una copa de champagne y se para frente a la estatua del guerrero, de quien se burla escupiendo la bebida en la cara mientras alude que va a profanar la figura que representa a la esposa. Los hombres intentan que se calme y que no haga ninguna acción que agreda el descanso de los muertos, pero esa reprimenda no hace más que encender su ánimo, y en su mente cada vez más trastornada por el calor, percibe como real la estatua de Doña Elvira, a la que se acerca con la intención de darle un beso. Pero antes de poder acercar sus labios a los de ella, cayó al suelo muerto y con el cráneo deshecho ante la mirada aterrorizada de sus compañeros, que fueron testigos de cómo la escultura del guerrero levantó el brazo y golpeó con el guantelete de piedra que portaba.
Esta narrativa está cargada de muchos elementos simbólicos que aportan gran significado; en primer lugar, la referencia a la guerra de independencia y la invasión por parte del ejército francés, y como estos extranjeros fueron mancillando sus territorios (con la metáfora de los edificios tomados y destruidos por ellos). Estos mismos soldados son retratados como hombres irrespetuosos y animalescos (al organizar una borrachera en un recinto considerado sagrado y burlarse de los héroes españoles).
Por otra parte, el tema más destacable es el amor, y la pasión obsesiva en este caso se ve reflejado en las esculturas del matrimonio. lo anterior, en el personaje del capitán, quien al encontrarse con la figura de la mujer de marmol y ante cuya belleza queda prendado, es un ejemplo de ello, incluso, después de contar ese encuentro a sus compañeros y que estos alardeen sobre el conseguirle una mujer real pues parecía estar enloqueciendo ante la ausencia de un encuentro con una, él se muestra ofendido, como si la figura le hiciera tener contacto con una parte espiritual y sensible de sí mismo que fue tocado por lo que él llama “una visión celestial”. Puede ser una alusión también al impacto que tiene la guerra en la mente, ya que se va perdiendo la capacidad de apreciación de la belleza, sin embargo, la apreciación de capitán no se hace de forma respetuosa, sino insinuante, no se basa en la contemplación de lo que representa la figura de Elvira: piedad, dolor, suplica (como si pretendiera conmover a los soldados franceses de parar sus conflictos e irreverencias hacia su tierra), sino que es vista ante los ojos del francés como una mujer exageradamente hermosa cuya quietud e impasividad le perturba, como si le provocará el deseo de poseerla y al no poder hacerlo, al ser ella una efigie se frustra y muestra su lado más brutal, ofendiendo la escultura del marido de ésta (que representa la fuerza y ferocidad de España en sus mejores tiempos) al burlarse el escupiendo el vino ofende (no solo a la memoria del difunto sino también a la patria de este, como si la representación de Elvira supiera que era algo que le costaría muy caro y pretendiera evitar, o en su caso, suplicar por piedad para el alma de los invasores). Tras el acto de querer profanar la estatua de la mujer, se refleja la ilusión de Bécquer del territorio hispano mancillado ante las armas de los franceses, pero, en un último acto de dignidad es “defendido” por el guerrero. Otra representación sería el amor, que es capaz de defender al ser amado (en este caso el guerrero a su esposa de ser ultrajada, dándole Bécquer ese toque de misticismo al describirlo como un amor que traspasó las fronteras del tiempo y la muerte.
PD: Para finalizar este post, quiero agregar un link sobre esta hermosa historia narrada por su servidora, como parte de un nuevo proyecto que estoy emprendiendo y del que les hablaré en una siguiente publicación, les agradecería que dejen sus comentarios sobre este nuevo tipo de material que será compartido esporádicamente aquí en el blog.
https://www.youtube.com/watch?v=goojnVlDviQ&list=PLh-jLptp02c2th0bR4TKxsl_Nvrm-wsTK
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