"EL CHICO SUCIO" (Mariana Enríquez)
Bien hallados sean:
Este es un cuento ambientado en el barrio de Constitución, perteneciente a Buenos Aires en el que la protagonista es una joven diseñadora que vive en dicho barrio, en una propiedad que pertenece a su familia, y que en sus mejores tiempos fue parte de una zona aristocrática y acaudalada, sin embargo, al paso del tiempo, esa localidad fue decayendo hasta convertirse en uno de los sitios más inseguros de la capital argentina.
La diseñadora, a pesar de ser hija de una familia de clase media en un sitio más amigable que Constitución, decide, en un acto de rebeldía, mudarse a la propiedad de sus antepasados, una gran mansión vieja pero que conservaba su esplendor aunque de forma avejentada por una especie de cariño peculiar de sus propios recuerdos de infancia vividos en la vieja casona (que ella misma describe paso de ser usada como vivienda, luego un bufete de abogados y finalmente, alquilada como oficinas de una pequeña revista, pero esta fue robada cuando el barrio comenzaba a dar tintes de inseguridad).
A pesar de todo ella elige vivir en esa peligrosa zona, que describe habitada de drogadictos, indigentes, travestís, prostitutas y delincuentes de diversos grados de peligrosidad. Al avanzar la trama ella gusta de verse a sí misma como una mujer capaz de sobrevivir pues ha “aprendido a conocer el barrio “, contando los múltiples riesgos pero como estos se ven disimulados en ciertas zonas por cuestiones de corrupción (como cuando narra sobre las calles a las que ciertos ladrones no pueden llegar si quieren ser protegidos por la policía, que nada hace ante la ola de delitos a cambio de recibir favores que nunca son especificados al lector).
Como si Constitución no fuera poco inquietante, a la vez resulta poco destacable ya que la violencia en la zona está tan normalizada que los habitantes son indiferentes a ella. En la esquina de su calle, en un viejo colchón vive una madre joven, drogadicta y desnutrida que está embarazada pero ya tiene un hijo mayor, un pequeño de 5 años que se dedica vender estampitas de Santos en el metro y a quien la diseñadora se encontró en alguna ocasión. Ella menciona que a pesar del aspecto nada higiénico del niño le agrada, pero su madre la inquieta. Lala, una travesti que trabaja como peluquera y que es amiga de la diseñadora comparte su temor por la madre drogadicta, a la que describe como “satánica”.
La vida para la diseñadora parece ir normalmente hasta que una noche, cerca de la media noche, alguien toca a su puerta y al atender se percata de que es el chico sucio, que le dice que su madre ha desaparecido y tiene hambre. La mujer lo recibe en su casa y lo alimenta mientras intenta obtener respuestas sobre la vida del niño y su madre pero sin conseguir nada. Durante esa escena es notorio el grado de represión inconsciente que el niño le provoca, sin embargo decide llevarlo a por un helado a pesar de aue le da miedo salir a la calle. Finalmente ambos se dirigen a la heladería y durante el camino escuchan las festividades y ven los altares dedicados a San Gaucho. El chico sucio comenta que ese Santo es bueno pero “el esqueleto “ no. Ella entiende que se refiere a la SantaMuerte e intenta explicarle al respecto pero el niño se distrae al pedir y comer su helado. Al terminar ambos vuelven y descubren que la madre drogadicta ha vuelto a su colchón, amenazadora la diseñadora por haberse llevado a su hijo, mientras que el niño no reacciona a la agresión, causando enojo en la clasemediera que incluso le piensa como un “pendejo mal agradecido”, así que furiosa y asustada vuelve a su casa, pero al peor siguiente se percata de que la madre y el hijo han desaparecido. Una semana después, se enteró por Lala que en el barrio encontraron el cuerpo de un niño mutilado y torturado, a quien ella relaciona de inmediato con el chico sucio. Poco a poco se especula la causa de la muerte: venganza del narcotráfico o un sacrificio humano. La inquietud de la mujer crece pues se siente culpable de no haber ayudado al pequeño. Lentamente Ella también comienza a dudar de su cordura a consecuencia del suceso, que también tuvo impacto en el barrio, incrementando la inseguridad y el miedo.
Poco después se aclara que el cuerpo pertenecía a un niño llamado Ignacio, que venía de un contexto muy diferente al del chico sucio, pero para la diseñadora él ha muerto. La trama concluye con un último encuentro entre ella y la madre drogadicta, quien ya ha dado a Luz pero no tiene a ningún hijo con ella. La diseñadora la increpa y agrede físicamente preguntando qué ha hecho de sus hijos, a lo que la adicta responde que ella no tiene hijos. Esa declaración hace dudar de su propia cordura a la protagonista quien cree que ha imaginado lo sucedido hasta que la indigente burlona dice que “se los entregó a ellos porque se los había prometido” no dejando en claro el destino final de los niños, sobre todo del Chico Sucio.
La historia termina con una protagonista destrozada y mentalmente inestable que reconsidera mudarse de barrio para no ser más “la loca encerrada en la Torre en lugar de la princesa del castillo”.
El cuento permite ver una problemática terrible en la que la violencia, la corrupción y la indiferencia hacia los sectores más marginados sólo incrementen la gravedad, e irónicamente como de revierten atención mediática cuando los afectados por esa ola de descomposición social son las clases altas y como los parias son vistos con morbo sin que nadie actúe para salvarles de sí mismos.
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