OBSESIÓN (S3: V)

Bien hallados sean:

Las ideas obsesivas expresan siempre el temor de no poder reprimir una acción o una mala intención. La lucha desenfrenada del obsesivo contra una infracción o una impureza llega, por su desmesura, a lo absurdo. Lo que intenta acorralar es la falta minúscula, el error invisible. Lo que el obsesivo intenta desesperadamente verificar es lo inverificable. La duda infiltra permanentemente todo el funcionamiento mental del obsesivo. 
Los ritos de lavado, tan frecuentes y sobre todo característicos de los obsesivos, ilustran de manera clara el efecto devastador de la duda y la ausencia de toda eficacia simbólica. El ritual obsesivo restringe al cuerpo, pero toda dimensión verdaderamente simbólica está ausente de este "falso" rito privado. Se ha vuelto un medio mecánico, mágico e inoperante para conjurar la culpabilidad (Una purificación simbólica exigiría lavarse una sola vez). 
La ejecución minuciosa de los rituales transforma la vida al mecanizarla, y participa de la lucha permanente contra toda manifestación del cuerpo pulsional. El sujeto obsesivo se esfuerza encarnizadamente por matar la espontaneidad del cuerpo y la del espíritu; busca con desesperación volverse perfecto mediante la lucha interna contra los deseos y los gozos, y esta lucha se materializa en el ritual, que agota el cuerpo y vacía el espíritu. 
El deprimido y el obsesivo siempre están en falta, siempre por debajo de una exigencia imposible de satisfacer, siempre culpables de una falta desconocida y punzante. El pensamiento de la muerte ocupa el centro de la vida del obsesivo y del deprimido; si el deprimido está aplastado por el peso del pasado, aniquilado por el pensamiento de lo irreparable, el obsesivo intenta con desesperación detener y conjurar el tiempo. Para ambos hay una especie de parálisis del tiempo, cuyo transcurrir sólo podría brindarles la degradación y el aniquilamiento. 

Comentarios

  1. Lo leere varias veces hasta que me quedé con la certeza de que si lo leí 🙂

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