DEPRESIÓN (S3:IV)
Bien hallados sean:
El deprimido no dice: "Me siento mal", sino "soy malo". Ya no puede defenderse si no es por su maldad, por su falla.
El deprimido parece castigarse en su "querer vivir": la forma de castigarse es con una vida apagada, monótona, confinada a un orden inmutable que se puede creer está destinado a protegerlo de toda emergencia agresiva, de toda espontaneidad inquietante, de todo imprevisto peligroso.
A partir del sentimiento punzante de su indignidad, de la dolorosa convicción de ser íntimamente malo y culpable, el deprimido elabora conductas autopunitivas. Actúa como si el infortunio debe llegar como efecto necesario de su propia monstruosidad. No busca más que en sí mismo la vía de la salvación mediante la mortificación y la muerte. Desea vivir y morir como "mártir". El sufrimiento del deprimido es su manera indirecta de agredir y de culpabilizar su entorno próximo.
La interioridad del mal es la que permite comprender que la mancha no puede ser borrada más que por la autodestrucción y que el sujeto se encarnice con vehemencia contra sí mismo.
En la depresión hay una persona querida y perdida; y una identificación del deprimido con ella. Toda la agresión que iba dirigida contra esa persona la reprime y la concentra contra su propia persona.
Lo propio del deprimido es sentirse de manera constante en deuda consigo mismo.
El deprimido no dice: "Me siento mal", sino "soy malo". Ya no puede defenderse si no es por su maldad, por su falla.
El deprimido parece castigarse en su "querer vivir": la forma de castigarse es con una vida apagada, monótona, confinada a un orden inmutable que se puede creer está destinado a protegerlo de toda emergencia agresiva, de toda espontaneidad inquietante, de todo imprevisto peligroso.
A partir del sentimiento punzante de su indignidad, de la dolorosa convicción de ser íntimamente malo y culpable, el deprimido elabora conductas autopunitivas. Actúa como si el infortunio debe llegar como efecto necesario de su propia monstruosidad. No busca más que en sí mismo la vía de la salvación mediante la mortificación y la muerte. Desea vivir y morir como "mártir". El sufrimiento del deprimido es su manera indirecta de agredir y de culpabilizar su entorno próximo.
La interioridad del mal es la que permite comprender que la mancha no puede ser borrada más que por la autodestrucción y que el sujeto se encarnice con vehemencia contra sí mismo.
En la depresión hay una persona querida y perdida; y una identificación del deprimido con ella. Toda la agresión que iba dirigida contra esa persona la reprime y la concentra contra su propia persona.
Lo propio del deprimido es sentirse de manera constante en deuda consigo mismo.
Me encanta. Sigue escribiendo.
ResponderEliminarY a mí me encanta que me leas.
Eliminar