SENTIMIENTO DE LA CULPA (S3:I)
Bien hallados sean:
Aparezco nuevamente después de haberlos dejado abandonados por un rato, sin embargo lo prometido es deuda y finalmente ha llegado el inicio de la serie de la culpa. (En estos apuntes hay ideas mías, pero también de Evelyne Pewzner en su libro El hombre culpable. La locura y la falta en occidente. También de José Antonio Marina en su libro El laberinto sentimental y de John Bradshaw en su libro La familia.)
La culpa es un deber no cumplido, una deuda que se salda con el castigo o con el perdón. El individuo culpable hace una acción que considera mala porque hace daño a otra persona o porque contraviene sus creencias o las normas morales de su sociedad.
La esencia de la culpa es: "Me he comportado mal habiendo tenido la posibilidad de no hacerlo". La culpa siempre contiene la implicación de elección y responsabilidad, independientemente de que seamos o no conscientes de ello.
La irreparabilidad de lo hecho y, al propio tiempo, el intento de repararlo, es un problema insoluble, que permanece sin cancelar en la conciencia. Se siente entonces el peso de la culpa.
El que comete la falta cae a un nivel inferior, se devalúa. La diferencia, la falta, crea un vacío que tiende a reproducirse y multiplicarse; el culpable, atorado en la carencia, encoge su ser y tiende a ser una nada. Pero desde su pobreza, desde su horror a la carencia, aspira a llenarlo todo. Esa aspiración lo vuelve a hundir, porque la plenitud a la que aspira se convierte en una nueva medida para el juicio y la autocondena. El culpable se sitúa así en una temporalidad irreparable, en una existencia melancólica de disminución, minimización y devaluación.
La culpa significa estar sin libertad, sentirse bajo el dominio de los demás; y con una identidad confusa, pues se concibe al propio ser sólo en función de una valoración externa, de una determinada respuesta.
Las personas que viven cotidianamente con culpa, que se sienten no merecedoras, en deuda existencial, manifiestan una misma tendencia con dos rostros distintos:
1) Un rostro puede ser el de la víctima que a todo dice que sí, que tiende a subordinarse, a complacer y ayudar. Es su manera de pagar la deuda. Lo que quitó en un lado lo da en otro, el vacío que provocó anteriormente lo compensa llenando otra cosa después.
2) El otro rostro es el opuesto: como ya fue víctima y subordinado anteriormente, después trata de dominar a los otros y convertirse en su acreedor. Por eso es impositivo, sólo le gusta lo que él impone no lo que los otros proponen.
La historia es un relato de gente que lucha constantemente por no dejarse someter. Pero al hacerlo, se vuelve controladora, manipuladora, opresora, pues sólo así vuelve a sentir, engañosamente, que no está sometida a nadie y que los otros sí lo están.
El control es un resultado de la voluntad deshabilitada y es una de las mayores defensas que existen contra la vergüenza. Las personas que están basadas en la vergüenza tratarán de controlar todas las relaciones en las que se involucren. La vergüenza es un sentimiento de insuficiencia y falta de valía, que nos impele a ocultarlo y a vivirlo en secreto. Las personas basadas en la vergüenza están constantemente en guardia, pues consideran que si están un solo instante desprevenidas podrían ser expuestas y eso sería algo demasiado doloroso de soportar.
Los padres basados en la vergüenza controlan a sus hijos; por su parte, los hijos desempeñan sus roles preestablecidos (y rígidos) en un afán de controlar a sus padres. Ser el eterno ayudante de todos, o el héroe, o el rebelde, o el niño modelo, o el chivo expiatorio es una manera de controlar a la familia controladora. El ejercicio desmedido del control es otra manera en que las familias promueven las adicciones en sus miembros. Las adicciones son maneras de salirse de control, además proporcionan alivio.
El miedo más profundo del que experimenta la culpa es desaparecer, no ser nadie, al ser apropiado por alguien mayor. Miedo a no encontrar nunca su lugar, a no contar con suficiente vida para pagar todas sus deudas.
La tragedia de las vidas de muchas personas reside en que al aceptar el veredicto de que "no son lo bastante buenos para... ", pueden pasarse años desviviéndose para obtener el máximo nivel de suficiencia. Si consigo realizar un buen matrimonio, seré mejor. Si gano tanto dinero al año, seré mejor. Un ascenso más y habré alcanzado mi objetivo. Otra conquista sexual, otra duplicación de mi activo, otra persona que me diga que soy adorable y habré llegado a la meta. Sin embargo, es imposible ganar la batalla en estos términos. Perdí la batalla el día en que admití que había algo que probar. Puedo liberarme del veredicto negativo que agobia mi existencia, simplemente rechazando esta premisa.
Sentirse culpable es sentirse: encerrado, subordinado, sin un lugar (su lugar es el que le asignan las necesidades de los otros), impostor para sí mismo, no transparente para los demás, negado por sí mismo, ignorante de la propia identidad.
Por esto la culpa va relacionada con:
frustración --> enojo --> resentimiento --> odio.
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