EL AMOR GOBERNANTE (S1:VI)

Bien hallados sean:

Mediados de noviembre, mes muy místico y especial por lo menos para mí,  uniéndonos a la etapa de renovaciones cambiando la apariencia del blog (esperando que les guste si no ...)
Al fin podemos dar por terminada la serie de publicaciones dedicadas al sentimiento del amor, disfruten esta última parte de la misma.

Si nos encerraran durante toda la vida en un castillo antiguo -un castillo lleno de artefactos, subterráneos, enormes cuartos, obras de arte y libros- pasaríamos mucho tiempo explorando e imaginando cómo sería la vida de los habitantes. Nosotros vivimos encerrados en el castillo de la mente y lo hemos explorado muy poco. Muchos conocen de él poco más que una sala de estar en el ala este, y creen que eso lo es todo. No hemos tomado conciencia del tamaño del castillo: incluye todo lo que uno ha experimentado, experimenta y experimentará; y aun en los rincones más apartado, todo lo que podemos vivenciar.
 La psique es el hogar del hombre. Somos un conjunto tan complejo de aprendizajes, experiencias, reflejos de nuestra sociedad y opiniones acerca de nosotros mismos, que lo que es natural o innato en nosotros resulta oscuro y difuso. Incluso el descubrirlo es un arte dudoso.

Según Emanuel Swedenborg hay un amor que rige y condiciona todos los aspectos de una persona, incluso sus gestos: "La vida misma de un hombre es su amor, y tal como es este amor, así es la vida, así es el hombre en su totalidad: pero, es el amor gobernante o reinante el que constituye al hombre. Este amor mantiene subordinados a muchos amores (o sentimientos) que son sus derivaciones; estos afectos aparecen bajo una forma diferente, pero aún están contenidos en el amor reinante principal, y junto a él, constituyen un reino. El amor reinante es como su rey y cabeza; los dirige y, a través de ellos..., intenta su propio objetivo, que es el principal y último objetivo de todos los amores...

 Lo que un hombre ama por sobre todas las cosas está presente de modo constante en su pensamiento y también en su voluntad, y constituye su vida más verdadera. Por ejemplo, aquel que ama la riqueza por sobre todo, ya sea el dinero o las posesiones, piensa constantemente en el modo de alcanzarla; cuando la obtiene, se regocija internamente, cuando la pierde se entristece internamente, porque su corazón está en ello. Aquel que se ama a sí mismo por sobre todas las cosas, se recuerda a sí mismo en todo; piensa acerca de sí mismo, habla de sí mismo, actúa por su propio beneficio; ya que su vida es una vida dedicada a sí mismo.


Un hombre tiene como objetivo aquello que ama por sobre todas las cosas, y lo respeta en cada una y todas ellas; está en su voluntad, como la corriente escondida de un arroyo que lo dirige y orienta aun cuando esté ocupado en otra cosa, ya que es lo que lo anima. Esto es lo que un hombre busca, y también ve en otro; y de acuerdo a esto, lo guía o actúa con él.

Comentarios