EL AMOR SEGÚN EL DICCIONARIO (S1:II)
Bien hallados sean:
Hace ya un tiempo expuse una publicación (la primera de una serie de posts relacionados) acerca del amor, en ese caso como conocimiento. El que nos reúne aquí no será la excepción.
Comencemos
explorando las raíces de las palabras que en castellano tienen que ver con el
amor. En primer lugar, remontaremos hasta el indoeuropeo. La palabra caridad,
caricia, procede de la raíz ka-,
<gustar, desear>, de donde deriva el persa kama, <deseo, amor>, el letón Kamet <tener hambre>, el alemán huor <prostituta>, el gitano camelar <seducir>, Kama, dios indio del amor, que despierta
el deseo de tener compañía, y caro, <querido, valioso>.
La palabra amor procede de la raíz amma- <madre>, de modo que etimológicamente el amor es maternal. También de aquí deriva la palabra amistad.
Una tercera rama de este copioso árbol procede
de la raíz griega phil-, de origen
desconocido, que no expresaba un sentimiento, sino la pertenencia a un grupo
social. Se utilizaba también para las relaciones de hospitalidad. De allí
pasó a significar <amigo>. Advertiré que de esa raíz procede también filtro, <bebedizo para despertar el
amor>. Aparece en variadísimos tipos de amores: filantropía, filarmonía,
filósofo, filatélico, filólogo.
La cuarta rama depende del griego Eros, palabra de origen desconocido que
designaba el dios del amor y el deseo sexual.
Otra familia -dilección- deriva del
latín diligere, palabra curiosa que
procede del verbo leer, y que designa una elección y estima basada en la
reflexión. Implica <cuidado, atención>. Se mantiene enmascarada en la
palabra diligente, que ha pasado a significar <dispuesto a hacer con
prontitud e interés las cosas que tiene que hacer>, pero que significaba
originariamente <amante>.
Otra variante castellana: querer. La etimología es sorprendente.
Procede de quaerere, <buscar>.
También hay que incluir en esta lista de indagaciones la palabra voluntad, que procede de la raíz indoeuropea wel-, <desear, querer>, de donde salieron el francés vouloir, el aleman willu o el esalvo velja, todos con el mismo significado.Por último, libido, significa también deseo. Procede de la raíz indoeuropea leubh-, <amar, desear>, de donde han derivado el inglés love y el alemán liebe.
Este recorrido deja algunos frutos
en nuestra alforja. El amor se relaciona con el deseo, con el agrado, con el
cuidado, con la pertenencia a un grupo, y etimológicamente tiene como
prototipos el sentimiento maternal, el sentimiento erótico y la amistad.
La representación semántica básica que despliegan los distintos lenguajes es la siguiente: la aparición de algo o alguien despierta en el espectador un sentimiento de agrado, interés, armonía, deleite, que se continúa con un movimiento de atracción y deseo. El objeto y las modalidades de ese deseo van a determinar los variados rostros y figuras del amor. El objeto puede ser una cosa, una idea, una persona o uno mismo, como sucede en el amor propio. En estas relaciones personales puede primar un elemento filial, sexual, benevolente, comunicativo. Por lo que respecta a los deseos, aparecen deseos de unión, de posesión, de compañía, de disfrute, de cuidado, de procurar el bien del otro, de sacrificarse por él. Como todos los deseos, el amoroso va acompañado de sentimientos de inquietud, desasosiego, esperanza, alegría, y tiene sus modos de satisfacción. Algunos de ellos apagan el deseo, y por lo tanto el amor, y otros mantienen el deseo y, por lo tanto, el amor.Empédocles señaló hace muchos siglos que el amor (philia) era el principio universal de cohesión, mientras que el odio (neikos) lo era de disgregación. Los amantes son <uña y carne> y el léxico amatorio ha recogido una gran variedad de ayuntamientos y cópulas, desde la unión mística, integración del alma y Dios, hasta el ligue, que es una relación amorosa superficial y no comprometida. Coito deriva de co-ire, <ir juntos>.
Y amartelados van los que van muy amarraditos.
A este paso, tendré que buscar mas adjetivos para calificar sus escritos.
ResponderEliminarEn este caso, me gusto mucho su investigación, a eso, anexe su característico toque para narrar.
Desde mi punto de vista, me deja con una buena enseñanza, pero también con una agradable sonrisa pues como siempre.
Me resulta maravilloso leerla cada vez que hay oportunidad.
Atte. Su auto proclamado. Fan y lector no. 1.