SENTIMIENTO DEL AMOR (S1:I)

Bien hallados sean: 

Después de una temporada de inactividad he vuelto (con noticias buenas y no tan buenas que serán motivo de otro post) de momento les ofrezco una pequeña reflexión producto de anécdotas vividas en los últimos meses.

Los sentimientos como conocimientos. De primer instancia suponemos que los sentimientos son maneras de conocer la realidad, así que lo primero que vamos a hacer es definir lo que vamos a entender por conocimiento: Conocer es ordenar las interacciones que tenemos con la realidad.

Cada uno de nosotros está interactuando con la realidad y en cada interacción uno afecta a la realidad y es afectado por ella. En el acto de conocimiento ordenamos, pues, la manera en que nos afecta la realidad y la manera en que la afectamos o/y queremos afectarlaLos reordenamientos de las interacciones tienen que ver con una nueva diferenciación de los componentes del todo (la organización de la pertenencia a una realidad) y con una nueva integración de los mismos. Esto sucede hasta en las cosas más elementales de la vida cotidiana, por ejemplo: una piedra en el zapato me lastima el pie cuando camino, lo cual hace que evite pisar con fuerza y altera completamente el ritmo de mi caminar si no me deshago de ella.

El objetivo de las interacciones que tenemos con la realidad, lo que nos mueve (también en la vida cotidiana), es que estamos incompletos y deseamos completarnos; el objetivo que nos proponemos es conseguir bienestar y satisfacción y que esa satisfacción sea repetible y sostenible. Los sentimientos básicos nos muestran las diferentes modalidades que adquieren nuestros esfuerzos por conseguir los objetivos.
El punto de partida es que deseamos completarnos con lo que hay en la realidad. La plenitud es todo, en el fondo deseamos y aspiramos a ser todo. A este movimiento vital que efectuamos para valorar e integrarnos con todo lo que existe, le llamamos amor. Aunque, por supuesto, este movimiento se da vez por vez, es decir, amando objeto por objeto, porque somos finitos y temporales.


Los amores orientan nuestras interacciones y lo normal es que exista un amor gobernante uno que tiende a subordinar y a ser más importante que los demás amores. Es decir, es inevitable que tengamos preferencias, porque no podemos elegir todo al mismo tiempo. Y dentro de las preferencias también tendemos a elegir a la mejor de todas ellas.Como nos vemos obligados a elegir, nos vemos obligados a dar más valor a una cosa que a otra, a tener una jerarquía de valores. Consideramos algunas cosas mejores, otras iguales y otras peores. Pero, para darle orden a nuestra vida, necesitamos amar algo sobre todas las cosas. Si este amor gobernante es afín o compatible con el conjunto de nuestra realidad suele ser integrador, si no es compatible con lo demás termina por dañarnos y desintegrarnos.Aunque deseamos completarnos e integrarnos con la realidad, no es algo que realizamos necesariamente. Lo normal es que encontremos oposición y adversidad; y, al confrontarnos con esos obstáculos, nuestra fuerza vital tiende a reordenarse, a adquirir formas diversas. Si frente a la oposición juntamos las fuerzas con el objeto de superar la adversidad (conservando el objetivo integrador), lo que hacemos es sacar nuestro coraje. Si la concentración de fuerzas la hacemos para eliminar parcial o totalmente al adversario, lo que sacamos es enojo. Si la adversidad resalta nuestra vulnerabilidad y el peligro que hay para nuestra integridad, lo que aparece es el miedo que nos impulsa a buscar protección y seguridad. Si la oposición, la adversidad o la vulnerabilidad posibilitaron la pérdida de algo amado, lo que padecemos es la tristeza que nos invita a reconocer y a valorar la pérdida, pero que también nos estimula a aceptarla y a reorganizarnos con lo nuevo que aparece gracias a la pérdida. Si no hacemos lo que tenemos que hacer para realizar el amor o para proteger de la adversidad a lo que amamos, lo que se produce en nosotros es culpa que puede impulsarnos a superar nuestras faltas y defectos. Si realizamos nuestro amor y conseguimos la unidad y la integración deseada, lo que generamos es alegría. La alegría en nuestras vidas es una prueba de que el conocimiento ha sido el correcto; de que las afectaciones mutuas de todo lo involucrado se organizó acertadamente.

Los sentimientos ordenan nuestras percepciones (lo que recibimos en las interacciones) y ordenan nuestras acciones (lo que damos en las interacciones con los objetos).
A lo largo del tiempo vamos a ver lo que está involucrado en los diferentes sentimientos, comencemos por lo pronto con el amor.

Comentarios

  1. Y como siempre.
    Tus palabras bien atinadas, el tema bien abordado, las referencias que ocupas y como las relacionas con tu texto complementan y crean un agasajo visual, para aquellos bien aventurados que estamos leyéndole.
    ¡Maravillosa entrada!
    Mis felicitaciones.
    ¡Siga así!

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