INDETERMINACIÓN "LOS CACHORROS" (Mario Vargas Llosa)
Bienhallados sean:
Nuevo mes y contenido. En esta ocasión otro ejercicio de indeterminación, ahora con una obra bastante popular dentro de la literatura latinoamericana que da título a este post.
“Con esta
historia, centrada en un grupo de muchachos miraflorinos de los años cincuenta,
uno de los cuales es castrado por un perro -de ahí el apodo-, Vargas Llosa no
sólo despliega fuegos de artificio técnicos, sino que profundiza en la
psicología del protagonista y de quienes le rodean. La narración apela a
temores arquetípicos (la castración) y a sus consecuencias, más desgarradoras
en una sociedad patriarcal y machista, recubierta sólo superficialmente por los
criterios de la modernidad.“ (sinopsis mágica)
Es una novela corta que narra la espiral
decreciente de Pichula Cuéllar, alumno brillante y deportista competitivo,
quien gracias a un infortunio sufre un cambio drástico en su vida y en su
virilidad. Escrita de un modo anárquico y atropellado, cambiando constantemente
de primera a tercera persona y de singular a plural, utilizando comas para
inferir minidiálogos y con múltiples neologismos y regionalismos idiomáticos. Esta
manera de escribir genera un relato ansioso y exige mucho del lector. Cuesta un
poco (en mi caso al menos) seguir la lectura por la forma en que está redactada,
pero en sí no tiene un mal argumento.
Quizá de esa característica sea más simple identificar aspectos que no quedan del todo claros, siendo la más obvia quién hace de narrador en esta novela, sobre todo en los fragmentos en que se habla en primera y tercera persona, tomando como ejemplo la escena en la que se origina la tragedia de Cuéllar, que al principio me hizo pensar en alguna especie de novatada hacia él, pasando por mi mente un escenario no menos que cruel para el pobrecillo, donde ahí en la ducha, alumnos de mayor edad le acorralaban con el afán de intimidarle, ya que además de ser nuevo y menudo era de clase acomodada. Imaginaba a esos bravucones insultando al pequeño Cuéllar mientras éste era abandonado a su suerte por su grupo de amigos. Pero la humillación no quedaría sólo en palabras, sino a un grado más brutal por parte de trozos de cuerda mojados que se clavaba en la piel del chico. 1…2…3 golpes seguidos en la espalda. Mas no sería suficiente para el líder de los maleantes, tocaba ir al extremo, así que exigiendo privacidad a sus compinches procedería a una siniestra violación al indefenso y sangrante chico, hasta que no hubiese sacado su instinto animal y dejándole en claro quién era el dueño de todo el terreno escolar. O al menos eso creía yo al resaltar el aspecto de una imposición patriarcal jerárquica y una especie de mancillación de la virilidad ajena, sin embargo mi visión resulto más sanguinaria pero igual de injusta para el joven Cuéllar.
Quizá de esa característica sea más simple identificar aspectos que no quedan del todo claros, siendo la más obvia quién hace de narrador en esta novela, sobre todo en los fragmentos en que se habla en primera y tercera persona, tomando como ejemplo la escena en la que se origina la tragedia de Cuéllar, que al principio me hizo pensar en alguna especie de novatada hacia él, pasando por mi mente un escenario no menos que cruel para el pobrecillo, donde ahí en la ducha, alumnos de mayor edad le acorralaban con el afán de intimidarle, ya que además de ser nuevo y menudo era de clase acomodada. Imaginaba a esos bravucones insultando al pequeño Cuéllar mientras éste era abandonado a su suerte por su grupo de amigos. Pero la humillación no quedaría sólo en palabras, sino a un grado más brutal por parte de trozos de cuerda mojados que se clavaba en la piel del chico. 1…2…3 golpes seguidos en la espalda. Mas no sería suficiente para el líder de los maleantes, tocaba ir al extremo, así que exigiendo privacidad a sus compinches procedería a una siniestra violación al indefenso y sangrante chico, hasta que no hubiese sacado su instinto animal y dejándole en claro quién era el dueño de todo el terreno escolar. O al menos eso creía yo al resaltar el aspecto de una imposición patriarcal jerárquica y una especie de mancillación de la virilidad ajena, sin embargo mi visión resulto más sanguinaria pero igual de injusta para el joven Cuéllar.
“A
veces ellos se duchaban también,
guau,
pero ese día, guau guau, cuando Judas se apareció
en
la puerta de los camarines, guau guau guau, sólo Lalo y
Cuéllar
se estaban bañando: guau guau guau guau. Choto,
Chingolo
y Mañuco saltaron por las ventanas, Lalo chilló se
escapó
mira hermano y alcanzó a cerrar la puertecita de la
ducha
en el hocico mismo del danés. Ahí, encogido, losetas
blancas,
azulejos y chorritos de agua, temblando, oyó los
ladridos
de Judas, el llanto de Cuéllar, sus gritos, y oyó
aullidos,
saltos, choques, resbalones y después sólo
ladridos,
y un montón de tiempo después.”
Me preguntaba al leerlo ¿qué está pasando
aquí? Puede entenderse que Judas era el
perro que resguardaba el colegio así que por alguna razón se había escapado de
su jaula y atacado en las duchas a Cuéllar, siendo su destino ser castrado por
las mordidas del perro, lo que le daría un apodo que marcaría su decline
“Pichula Cuéllar”. En cuanto al narrador se deduce que uno de ellos fue Lalo
ya que compartió el susto provocado por Judas:
“Abrió
la puerta y ya se lo
llevaban
cargado, lo vio apenas entre las sotanas negras,
¿desmayado?,
sí, ¿calato, Lalo?, sí y sangrando, hermano,
palabra,
qué horrible: el baño entero era purita sangre.
Qué
más, qué pasó después mientras yo me vestía, decía
Lalo”
Sea como fuere, la vida de Cuéllar no fue
especialmente agradable u honrosa pues se dedicó al despilfarro, a sufrir mal
de amores y finalmente morir en un accidente automovilístico mientras sus
amigos crecían y envejecidos recordaban a su buen amigo Pichula.
Un libro de que disfruté, tanto por la forma en la que está escrito como por su historia, de igual modo hubo momentos en los
que perdí el hilo por el estilo del lenguaje, pero su trasfondo me
pareció bastante interesante. Creo que es una novela con la que se puede
llegar a simpatizar muy fácilmente, recomendable a pesar de sus detalles
lingüísticos.
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